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¿Qué pasa si hay retrasos en la construcción?

  • Foto del escritor: sebastian barbery
    sebastian barbery
  • hace 7 días
  • 5 Min. de lectura

Los retrasos en obras de construcción son más comunes de lo que quisiéramos y suelen resultar muy frustrantes. Cuando un proyecto se demora, no solo es un inconveniente menor: puede generar sobrecostos, tensiones contractuales, disputas entre las partes e incluso derivar en litigios legales. Sin embargo, las consecuencias específicas de un retraso dependen en gran medida de la causa que lo originó y de lo que esté estipulado en el contrato del proyecto. En otras palabras, no todos los retrasos se tratan por igual, por lo que es crucial analizar por qué ocurrió la demora y qué medidas prevé el contrato para ese escenario.


imagen de obra atrasada

¿Qué pasa si hay retrasos en la construcción?Causas comunes de retrasos en obras

Existen diversas razones por las que una obra puede sufrir demoras. Entre las más comunes se encuentran:


  • Factores climáticos o fuerza mayor: Eventos fuera del control humano como lluvias torrenciales, tormentas, inundaciones u otros desastres naturales pueden paralizar temporalmente los trabajos. Estos retrasos por causas naturales no dependen del contratista. y suelen considerarse justificables (el clima extremo, por ejemplo, es un caso típico de fuerza mayor).


  • Problemas de gestión o planificación deficiente: Errores humanos y organizativos también provocan retrasos. Una planificación inadecuada del cronograma, mala coordinación del personal, fallas de logística (por ejemplo, falta de materiales en obra) o negligencias administrativas pueden demorar la construcción. Este tipo de retrasos evitables normalmente son atribuibles al contratista o constructor, ya que surgen de mala gestión del proyecto.


  • Cambios de proyecto u otros imprevistos externos: A veces la causa proviene del lado del cliente u otras entidades. Por ejemplo, cambios de diseño solicitados a mitad de obra, retrasos en la obtención de permisos gubernamentales, problemas con proveedores o huelgas y conflictos laborales pueden detener el avance. Incluso la escasez repentina de materiales o demoras regulatorias son factores externos comunes que pueden paralizar un proyecto. Dependiendo de quién sea responsable de estos imprevistos (el cliente, autoridades, terceros), la clasificación del retraso variará.


Consecuencias de los retrasos según su causa

¿Qué ocurre cuando se produce un retraso? La respuesta dependerá tanto del origen de la demora como de lo pactado en el contrato. En términos generales, podemos distinguir varios escenarios:


  • Retrasos por clima o fuerza mayor (demoras excusables): Si la obra se atrasa por causas fuera del control de las partes – como un clima excepcionalmente adverso u otro evento de fuerza mayor – lo habitual es otorgar una extensión del plazo para terminar el proyecto, sin penalizaciones. Los contratos suelen incluir una cláusula de fuerza mayor que excusa el cumplimiento en estas situaciones, protegiendo al contratista de sanciones siempre que se haya notificado y documentado correctamente el evento. Por ejemplo, ante lluvias históricas que impiden trabajar, normalmente se amplía el plazo contractual; incluso puede llegarse a reconocer algunos costos adicionales por la paralización si el clima extremo causó gastos imprevistos.


  • Retrasos por causas imputables al contratista (demoras no excusables): Cuando la demora se debe a errores de planificación, mala organización o gestión deficiente por parte de la constructora, la situación se complica. En estos casos, el contratista es responsable por no cumplir con los tiempos acordados, y aunque quizás no se apliquen sanciones legales formales, las consecuencias para el cliente son claras: el proyecto se alarga más de lo previsto, los costos se elevan y el desgaste emocional aumenta. Muchas veces se necesita pagar más por mano de obra, extender contratos de alquiler o reprogramar entregas de materiales, lo que termina impactando directamente en el bolsillo y en el cronograma del propietario. En resumen, un retraso evitables termina costando más tiempo, más plata y más dolores de cabeza.


  • Retrasos causados por el cliente u otros factores externos: Si la demora ocurre por decisiones o problemas atribuibles al cliente (por ejemplo, órdenes de cambio de diseño tardías, pagos demorados) u a terceros contratados por el cliente, por lo general el contratista tiene derecho a solicitar una extensión de plazo e incluso una compensación de costos. A estos se les denomina a veces retrasos "compensables", ya que el constructor podría ser resarcido por el impacto del atraso. Por ejemplo, si el desarrollador entrega tarde unos planos revisados o una entidad pública retrasa la emisión de un permiso clave, el tiempo de inactividad no es culpa del contratista; el contrato suele permitir reprogramar la fecha de entrega y negociar costos adicionales derivados de esa espera. En esencia, la responsabilidad recae en quien causó el cambio o contratiempo, no en la constructora.


Importancia de la planificación y contratos claros

¿Qué pasa si hay retrasos en la construcción? Aunque ciertos retrasos son inevitables, muchas demoras pueden prevenirse o mitigarse con una buena planificación y contratos bien definidos desde el inicio. Algunas medidas clave son:


  • Planificación rigurosa y gestión proactiva: Una programación realista, con holguras y planes de contingencia, puede marcar la diferencia. Antes de comenzar la obra se deben identificar riesgos (como temporadas de lluvia) y preparar planes alternativos. Un director de proyecto diligente planifica las tareas, coordina personal, equipos y materiales con antelación para que todo esté disponible cuando se necesite. Además, llevar un seguimiento cercano del progreso permite detectar retrasos incipientes y corregir el rumbo a tiempo. En resumen, una sólida organización del proyecto reduce la probabilidad de atrasos y sobrecostos por improvisación.


  • Contrato con plazos y condiciones bien definidos: Es esencial que el contrato de construcción establezca con claridad los tiempos de ejecución, hitos de entrega y qué sucede si hay demoras. La mayoría de los proyectos comienzan con contratos detallados entre las partes, que incluyen fechas de finalización, calendario de pagos, estándares de calidad y mecanismos para gestionar cambios o retrasos. No es raro que exista una cláusula de fuerza mayor (que permite extensiones de tiempo por eventos fuera de control, como desastres naturales) y una cláusula penal de tiempo es esencial con multas por demora si el contratista no cumple los plazos acordados. Estos términos contractuales son legalmente vinculantes, dando certeza de antemano sobre cómo proceder ante un retraso. Un contrato bien redactado aporta tranquilidad: cada parte sabe cuáles retrasos son excusables, cuáles implicarán sanciones y cómo se resolverán potenciales disputas.


  • Comunicación y documentación ante imprevistos: Si pese a todo surge un retraso inesperado, la forma de gestionarlo también influye en su impacto. Es fundamental comunicarlo de inmediato por las vías formales y documentar las causas. Por ejemplo, si ocurre un evento climático severo, registrar reportes meteorológicos, actas de obra y fotografías servirá como prueba del contratiempo. La mayoría de contratos exige notificar al cliente dentro de cierto plazo cuando se prevé un retraso, indicando la causa y duración estimada. Llevar un registro detallado de todo puede ser la diferencia entre ganar o perder una disputa más adelante: sin pruebas, incluso un retraso justificable podría parecer negligencia ante los ojos del cliente o de un juez. En cambio, con buena comunicación y respaldo documental, las partes pueden cooperar para reprogramar trabajos o activar las cláusulas correspondientes, minimizando el conflicto.


CONCLUSIÓN 

En el sector de la construcción, los retrasos no tienen por qué ser un calvario si se entienden y manejan correctamente. Identificar la causa del retraso es el primer paso para determinar la solución: no es lo mismo una tormenta inesperada (que amerita extender plazos) que una falla de gestión (que conlleva asumir responsabilidades). Todo dependerá de lo acordado en el contrato y de la capacidad de las partes para apegarse a esas reglas. Por eso, contar con una planificación sólida y un contrato claro desde el inicio es la mejor receta para afrontar imprevistos. De este modo, si ocurre un retraso en la construcción, estaremos preparados para mitigar su impacto, evitando escaladas de costos, disputas innecesarias y logrando que el proyecto llegue a buen puerto a pesar de las dificultades.


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